INTELIGENCIA COLABORATIVA EN LA FAMILIA

INTELIGENCIA COLABORATIVA EN LA FAMILIA.

–Patrones mentales y convivencia–

Las relaciones humanas de calidad nos hacen felices y saludables

Un estudio realizado por la Universidad East Anglia (Inglaterra) revela el impacto negativo que tienen los conflictos familiares en el desarrollo cerebral de los niños y los adolescentes, afectando sobre todo a la maduración del cerebelo.

Por su parte, el Estudio de desarrollo de adultos de Harvard, que analizó año con año, desde 1930, a más de setecientos adultos, reveló que el secreto de quienes se sentían más felices y fueron más saludables y longevos fue que tenían relaciones humanas de calidad con sus familiares y amigos.

En este artículo profundizaremos en el concepto de Inteligencia Colaborativa, aplicada a la familia, para que mejoremos nuestras relaciones humanas. Seguiremos el trabajo de Angie McArthur (especialista en desarrollo humano) y Dawna Markova (experta en procesos de aprendizaje y talento) quienes publicaron en 2015 un libro titulado Inteligencia Colaborativa. Pensando con personas que piensan diferente. Las autoras aplican este concepto emergente de Inteligencia Colaborativa al ámbito empresarial y laboral. Nosotros lo haremos al ámbito familiar, en el que las buenas relaciones son de vital importancia.

 

Inteligencia Colaborativa es la capacidad de pensar, convivir, colaborar juntos, aunque tengamos diferentes personalidades y maneras de pensar. Se trata de tener en cuenta la dignidad de cada persona por encima de las diferencias. Es justo lo que hace una familia sana, se trata de una comunidad con diferencias armonizadas, colaborando para el bien de todos y cada uno de sus miembros. McArthur y Markova escriben que “Las grandes mentes no piensan igual, pero pueden aprender a pensar juntas”. Traduciendo para las familias: “En las buenas familias no todos sus miembros son iguales, pero se entienden, armonizan y colaboran juntos”. Las diferencias enriquecen.

 

Para lograr buenas relaciones es indispensable conocer y reconocer las diferencias. Cada miembro de la familia es único e irrepetible. Somos diferentes biológica, temperamental e intelectualmente. A esto debemos sumar diferencia de circunstancias y la libertad personal. Por esto, en una misma familia podemos encontrar hermanos tan diferentes. Conocer y reconocer las diferencias evitará tensiones y conflictos innecesarios.

 

McArthur y Markova nos ilustran las diversas formas en que las personas captan la realidad. Desde ahí hay grandes diferencias. Un “patrón mental” es la forma en que nuestro intelecto se relaciona con la realidad. El patrón mental de cada uno se forma, principalmente, con la mezcla de estados de atención y lenguajes de pensamiento.

 

Estados de atención

 

Hay personas que nacen con una atención enfocada, ese miembro de la familia que solo puede estar atento a una cosa e ignora lo que lo rodea, se embebe con la pantalla de TV o se pierde en una lectura. Su pensamiento es ordenado, va paso a paso, requiere silencio y tranquilidad. Este tipo de atención sirve para tomar decisiones importantes, atender detalles y para terminar proyectos. Pero no todos somos enfocados de nacimiento.

 

También hay personas con atención clarificadora, como ese miembro de la familia que parece vagar de un lado a otro, clasificando información, de forma no muy ordenada, en exploración continua, procurando entender, piensa a través de la confusión, baraja múltiples opciones al mismo tiempo.

 

Hay, en fin, personas con atención abierta, como ese miembro de la familia que parece soñar despierto, que es muy imaginativo, simbólico, su mente se la pasa conectando cosas, imagina nuevas formas de abordar los problemas.

 

El patrón mental de cada uno se conforma con el predominio de un tipo de atención más un lenguaje de pensamiento.

 

Lenguajes de pensamiento

 

También se les conocen como tipos de personalidad.

Existe el visual. Puede ser visual receptivo o activo. El miembro de la familia que es visual-receptivo: mira, observa, lee, se muestra. Mientras que el visual-activo: escribe, hace teatro, dibuja, fotografía.

Está el auditivo. El miembro de la familia que es auditivo-receptivo: atiende, escucha. El auditivo-activo: cuenta anécdotas, historias, lee, canta, cuenta chistes, da pláticas.

Está el kinestésico. El que es kinestésico-receptivo: olfatea, prueba, siente, toca, experimenta. Al kinestésico-activo: le gusta el deporte, utiliza las manos, se mueve, está de pie, piensa caminando.

 

Con la combinación de estos factores obtendremos al menos dieciocho diferentes patrones mentales o formas de atender la realidad. Si somos conscientes de que no existen las personalidades puras, sino que casi siempre tenemos “tendencia preferente a…”, nos daremos cuenta de que es casi imposible esperar que, en la misma familia, los miembros procesemos, entendamos, afrontemos la realidad de manera idéntica.

 

En su libro, McArthur y Markova describen las principales combinaciones de patrones mentales con más detalle. Por ejemplo, describen el visual enfocado, a quien le gusta mantener contacto visual, las listas, los códigos de colores, estar bien vestido y usa frases como: “Nos vemos”, “Se ve bien”.

O el visual abierto que prefiere mirar a otro lado, parece tímido, responde correos con pocas palabras, se viste favoreciendo la comodidad. Y así van ejemplificando los múltiples patrones mentales.

 

Tensiones comunes

 

Es muy probable que algunas tensiones en la familia se originen a partir del choque de los diversos patrones mentales de las personas que conviven en el hogar. Dos de nuestros hijos pueden ser auditivos, uno necesita levantar la voz por su forma de ser y al otro no le gusta hablar, y los demás pueden interpretar sus pocas palabras como “ley del hielo”. Uno interrumpe y el otro se puede sentir atropellado. Lo más seguro es que todo eso se haga sin mala intensión, porque así es su natural relación con el mundo.

Puede ser que la mamá y su hija sean visuales, sus tensiones comunes serán que la hija mira hacia otro lado cuando la mamá le habla y mira fijamente, y la mamá puede interpretarlo como falta de interés o mala educación. Puede ser que la mamá valore los detalles (vestido atractivo, notas cariñosas) y que la hija no le dé importancia a eso.

Pero, en concreto, ¿cómo mejorar la forma en que nos estamos relacionando?

 

Conciliar las diferencias

 

Reconocer las diferencias, para no ver malas intenciones ni provocaciones donde solo hay una diferente forma de ser y de acercarse a la realidad. Reconocer y conciliar las diferencias. Veamos cuatro ejemplos concretos que nos muestran cómo conciliar las diferencias con Inteligencia Colaborativa en la familia. Son casos imaginarios, pero que se dan en la realidad.

 

Primer caso. Supongamos que mi esposa no recuerda fácilmente detalles de lo que hablamos. Si conozco su patrón mental podré comprenderla mejor. Lo auditivo en ella desencadena una atención abierta, y eso no le permite captar detalles, no es ni pereza, ni distracción voluntaria. Ella, como otras personas, pueden ser funcionales sin necesitar detalles. ¿Cómo conciliar las diferencias? Puedo sugerirle que escriba notas en su smartphone cuando requiera recordar algo importante. Puedo enviarle un mensaje resumiendo una conversación relevante. Puedo ponerle una foto de la familia en su mesita de noche con una nota: “Me encantó nuestra charla sobre las próximas vacaciones en familia”.

 

Segundo caso. Supongamos nuestro hijo tiende a hablar con rodeos y los demás miembros de la familia queremos que vaya al grano. Nos servirá entender que su patrón mental es auditivo y en él desencadena una atención clarificadora. Debemos tenerle paciencia. También él debe reconocer que para los demás puede ser frustrante tratar de seguir su línea-zigzagueante de pensamiento. Podemos ayudarlo con algunas preguntas corteses para que aclare su pensamiento.

 

Tercer caso. El abuelo parece nervioso y ansioso, se mueve constantemente. Le decimos que juguetea mucho y que ponga atención y se controle. Reconocer que tiene un patrón kinestésico enfocado nos ayudará a entenderlo y ayudarlo. Nos podrá parecer que no le interesa lo que dicen los demás. Pero no es así. Podemos conciliar diferencias respetando que camine por la habitación mientras se expresa, le permitiremos que juegue con algo mientras escucha o habla. Aprovecharemos para conversar con él mientras limpiar su escritorio o prepara algo de comer, eso le ayuda a concentrarse, ya que al kinestésico enfocado le encanta hacer dos cosas a la vez.

 

Cuarto caso. Supongamos que yo soy intenso al hablar, me encanta la discusión y el debate. A los demás les parezco autoritario, pero en realidad me encanta hablar. Servirá a toda la familia conocer que ser auditivo desencadena en mí una atención enfocada. Reconoceré que los demás pueden pensar que hablo demasiado. Crearé una señal para mí: en las reuniones, cada vez que tome un sorbo de agua, recordaré que hay otros en la discusión, haré una pausa y pediré su opinión. Les diré a los demás en broma (pero en serio) que me da mucha energía hablar, y les pediré que no se sientan mal si necesitan interrumpirme. Me uniré a Toastmasters para canalizar esa energía locuaz.

 

Aprendizajes

 

Existen muchas formas de captar la realidad, hay muchas formas de comportamiento, hay muchas maneras de entender y relacionarse con el mundo, existen muchas maneras de hacer las cosas bien.

Es posible que la mayoría de los desacuerdos en la familia provengan de no conocer y reconocer que los demás tienen una manera diferente de ser, aunque seamos familia.

El reto es que cada miembro de la familia se conozca mejor a sí mismo y a los demás, y tratar de conciliar diferencias, con paciencia, empatía y trabajo personal.

Somos diferentes, pero tenemos la misma dignidad y el mismo objetivo como familia: colaborar para crear un lugar armónico, en el que cada uno pueda desarrollarse en libertad y cariño, potenciados por los valores comunes e individuales.

Sospecho que la mayoría de los desencuentros en familia provienen de discutir sobre formas de hacer las cosas, no sobre valores esenciales.

Ya podemos armar nuestra ecuación final, a la luz de la Inteligencia Colaborativa:

 

Entendimiento + Conciliación de las diferencias + Amor = Calidad de relaciones

 

Esta pandemia también puede ser una buena oportunidad de conocer a fondo a los que amamos y convivir más y más sanamente.

 

 

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Autor:

Gustavo Aguilera Jiménez

Filósofo, humanista y escritor.

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